Entrevistamos a Valentín García, director del Club Hípico La Rosa, quien desde chico estuvo envuelto en la equitación y ha volcado su vida a formar a niños y adultos en tan apasionante disciplina.

Por: Mario Preciado (IG: @mariopreciado_)
Fotografía: Diego Torres (IG: @torres8168)

Al momento de cabalgar, llega un instante en el que se es uno con el caballo, expresa Valentín García García, director del Club Hípico La Rosa. Al ser parecido el movimiento que se hace al caminar, las caderas se sincronizan. Al subirte al caballo, a los 40 pasos ambos corazones se sincronizan también y empiezan a latir a la misma frecuencia cardiaca, añade nuestro entrevistado, quien lleva 19 años siendo entrenador de caballos y quien fundó el Club hace 17.

Valentín recuerda que desde su infancia estuvo relacionado al mundo ecuestre, ha sido un gusto familiar presente desde sus tatarabuelos. Se trata de una familia de polistas, charros, rejoneadores y jinetes de salto, siempre con un gusto especial por las labores del rancho. Originario de Huixquilucan, Estado de México, Valentín llegó a León hace 18 años después de casarse con Lilí Fonseca.

Tuvo la fortuna de aprender con entrenadores de alta escuela desde los siete años como “Manolito” Herrera, fundador de la Escuela Mexicana de Jinetes Domecq; asimismo, junto a su primo Héctor Cabañas, se adentraron al polo con la familia Gracida, afamada dinastía de polistas mexicanos.

“ES TRABAJAR, MÁS QUE ECONÓMICAMENTE, POR PASIÓN, POR FOMENTAR LA DISCIPLINA Y EL AMOR A LA NATURALEZA Y AL CAMPO A LOS ALUMNOS”.

Al mudarse a León, su amigo Memo Loza lo invitó a trabajar con él entrenando sus caballos, luego tuvo la oportunidad de presentarse en la Feria Internacional del Caballo, pero ya como Club Hípico La Rosa han sido abundantes los logros, campeonatos en los que ha participado, presentaciones, clientes que le confían sus caballos para que los cuide y entrene, así como los jinetes –niños y adultos– que llegan al Club con la inquietud de aprender a montar.

Basta con estar unos minutos en el Club para ver cómo los jinetes muestran su cariño, confianza y respeto a Valentín. Su negocio nunca ha tenido por delante el dinero como interés, sino que a través de las clases de equitación busca trascender y dejar un legado en los demás. “Tenemos 170 jinetes, gracias a Dios. Es trabajar, más que económicamente, por pasión, por fomentar la disciplina y el amor a la naturaleza y al campo a los alumnos”, sentencia.

Club Hípico La Rosa se maneja a través del pago por clase, sin tener que desembolsar en inscripciones, anualidades o más. Valentín es claro al mencionar los beneficios que trae a los niños practicar equitación, asegura que han tenido pequeños con depresión, crisis de ansiedad, ataques epilépticos, personas con adicciones, etc., y la mejoría es notoria, incluso desde la primera clase. La relación que se entabla con el animal trasciende a la energía que hay entre caballo y persona. El jinete termina domando al binomio con los conocimientos, pero también con el corazón.

Valentín anhela que, con el apoyo del gobierno, la equitación se convierta en una disciplina a la que se le preste más atención, brindándole espacios y foros para que los jinetes muestren lo aprendido y desarrollen la confianza. Actualmente construye una pista profesional de salto y usos múltiples.